El siguiente fue el discurso del doctor Jens Mesa Dishington, Presidente Ejecutivo de Fedepalma, en la instalación de la XV Reunión Técnica Nacional de Palma de Aceite en la ciudad de Bucaramanga:

Reciban todos un cordial saludo y la bienvenida a esta décima quinta edición de la Reunión Técnica Nacional de Palma de Aceite, evento emblemático del sector palmero colombiano en el que confluyen los conocimientos, la innovación y las experiencias de los productores y equipos técnicos de todas las regiones palmeras del país. En un momento neurálgico para la palmicultura colombiana, en el que todos debemos contribuir a generar soluciones y nuevas oportunidades, resulta fundamental aportar ideas y aunar esfuerzos con visión de corto, mediano y largo plazo.

La palmicultura enfrenta en la actualidad una compleja coyuntura económica, que se acentúa e impacta más profundamente en países tomadores de precios como Colombia. Sin embargo, no podemos perder de vista que este es un negocio de largo aliento, sujeto a ciclos, en el que la clave en gran medida es la persistencia. De hecho, la tendencia decreciente de los precios que el sector ha venido experimentado en los últimos años empezó a cambiar; el precio del pasado mes de agosto mostró una recuperación respecto al cierre del primer semestre, atribuible en parte al repunte de la tasa de cambio y a unos primeros indicios de movimientos positivos en el mercado internacional. Según los expertos, ya se empieza a dar un cambio en los fundamentales del mercado, que llevarán a que hacia finales de 2019 se dé más claramente un aumento en los precios internacionales, derivado de un mayor aumento de la demanda en relación con su oferta y a la esperada reducción de inventarios, consolidándose así una nueva tendencia. 

Las perspectivas globales de mediano y largo plazo para el mercado de aceites y grasas siguen siendo positivas, en la medida que las proyecciones de la demanda por alimentos ratifican una tendencia creciente, impulsada primordialmente por el mayor consumo de los países en desarrollo, donde los aceites y grasas continuarán aumentando en la próxima década. Según LMC, mientras la demanda por alimentos crecería entre 2017 y 2027 en promedio 12%, la demanda por aceites vegetales aumentaría un 25%. Pese a que la dinámica de crecimiento de dichos países se ha desacelerado, su mayor ingreso está generando un cambio en los patrones de su consumo calórico, disminuyendo la ingesta de calorías de carbohidratos y aumentando la participación de las calorías provenientes de los aceites vegetales. 

Y como es bien conocido, la mayor oportunidad de atender el creciente mercado mundial de aceites vegetales la tiene el aceite de palma, en virtud de su alta eficiencia en términos de rendimientos por hectárea y de eficiencia en el uso de insumos. Pero para aprovechar esta oportunidad, es necesario que nuestra agroindustria continúe evolucionando hacia unos mayores niveles de sostenibilidad, entendida integralmente desde sus dimensiones social, ambiental y por supuesto, económica, esta última asociada primordialmente a una mayor eficiencia productiva. 

Jens Mesa Dishington, Presidente Ejecutivo de Fedepalma.

Este reto es recogido en el lema de la presente Reunión Técnica: Sostenibilidad y eficiencia para la palmicultura colombiana. Durante estos tres días nos espera una nutrida agenda, con presentaciones que desde la perspectiva de los expertos y de quienes trabajan día a día en esta agroindustria, mostrarán posibilidades de mejora en distintos aspectos del negocio. En las plenarias de hoy, Cenipalma presentará cómo desde sus programas viene contribuyendo a cambios importantes en el ámbito productivo, partiendo de una visión general que se complementa con los avances frente a la problemática de la PC, el fortalecimiento de los mecanismos de asistencia técnica e instrumentos innovadores para calcular los impactos ambientales de la producción de aceite de palma. Desde Fedepalma, les compartiremos los principales elementos de la estrategia de sostenibilidad del sector palmero, en la cual venimos enmarcando gran parte de nuestras acciones. Esto se complementará con la visión de uno de los núcleos palmeros más emprendedores en cuanto a procesos de mejora productiva y de un experto de la academia que nos hablará de la importancia de la mentalidad empresarial. 

En los siguientes dos días se desarrollarán seis módulos temáticos. Cinco de estos módulos se enfocan en prácticas para mejorar la eficiencia en distintos procesos: labores del cultivo; manejo y procesamiento de cultivares híbridos; nutrición y manejo del agua; manejo y control de enfermedades; y tecnologías en plantas de beneficio. De igual manera habrá lugar a un módulo de sostenibilidad, tanto en cultivo como en plantas de beneficio, en el que se resaltarán importantes avances para la medición y el mejoramiento de las prácticas de sostenibilidad con enfoque integral. Son muchos los frentes en los cuales se observan valiosos adelantos, pero quisiera llamar la atención en particular sobre los logros alcanzados en el último año en relación con el manejo de los materiales híbridos OxG, pues desde nuestra última Reunión Técnica a la fecha Cenipalma ha consolidado un paquete tecnológico cuya adopción puede hacer la diferencia en términos de la viabilidad del negocio a partir de estos cultivares.

Sin duda, todas estas presentaciones mostrarán cómo estamos avanzando en muchos caminos que nos conducen hacia una agroindustria productiva y sostenible, pero también permitirán advertir los retos que el sector debe superar. Frente a esto último, permítanme hacer algunas reflexiones enfocadas principalmente en los temas que enmarcan esta reunión. Los tres ejes de la sostenibilidad son igualmente relevantes, aun así, quisiera empezar con el económico, pues la sostenibilidad económica es el sustento sólido de la sostenibilidad ambiental y social. Tenemos que apuntar a negocios competitivos y rentables, basados en procesos productivos eficientes. 

En un escenario en el que los productores poco pueden incidir en los precios de los recursos que utilizan, la opción para reducir los costos de producción es lograr cultivos de alto rendimiento. Por un lado, esto implica seguir trabajando por mejorar el estatus fitosanitario, no solo desde la visión de la propia plantación sino teniendo en cuenta que las acciones para controlar las plagas y enfermedades de un productor tienen un impacto regional y sectorial. De otra parte está la adopción de las mejores prácticas agronómicas y en planta de beneficio. El sector cuenta con un conjunto amplio de prácticas disponibles para hacer más productivo el cultivo y la producción de aceite de palma, pero estas deben ser adoptadas masivamente y sobre todo, deben sostenerse en el tiempo. Esto claramente conlleva un esfuerzo, en especial en épocas de estrechez económica y por ello todas estas prácticas deben tener una relación beneficio/costo positiva, que desde la Federación, de la mano con las empresas, hay que medir y divulgar. 

El reto de aumentar la eficiencia productiva sigue vigente. En 2018 el sector palmero colombiano registró un rendimiento promedio nacional de 3,5 toneladas de CPO por hectárea, que nos ubica por debajo de Indonesia aunque por encima del promedio de América y levemente del rendimiento de Malasia, pero que está aún lejano de la meta sectorial de las 23 toneladas de fruto y las 5 toneladas de aceite por hectárea promedio país. 

La productividad laboral de la agroindustria de la palma de aceite sigue siendo un enorme desafío tanto para Colombia como para el mundo. Cifras recientes permiten ver que la productividad de un trabajador de tiempo completo en cultivos como la soya o la colza supera entre cinco y diez veces la observada en el sector de la palma de aceite, pues mientras en un año un trabajador en Estados Unidos produce poco más de 400 toneladas de aceite de soya, en Malasia un trabajador produce 44 toneladas de aceite de palma. Para Colombia el reto es aún mayor, si tenemos en cuenta que la mano de obra pesa más del 40% dentro de la estructura de costos. Adicional a la adopción de mejores prácticas, esto nos obliga a seguir desarrollando tecnologías orientadas a la mecanización de labores y a fortalecer las estrategias de formación del capital humano de nuestra agroindustria.

Pasando a las otras dos dimensiones de la sostenibilidad, la ambiental y la social, desde Fedepalma y Cenipalma se vienen impulsando modelos y prácticas que ayuden a los palmicultores tanto a cumplir con la normatividad establecida como a desarrollar su actividad con un relacionamiento positivo con el ambiente y contribuyendo al desarrollo socioeconómico de los productores, sus empleados y las comunidades palmeras. En un mundo donde son recurrentes los cuestionamientos hacia la producción de aceite de palma y donde en regiones como Europa incluso han trascendido a la esfera de medidas comerciales, creemos firmemente que el aceite de palma colombiano tiene oportunidades significativas de diferenciarse y convertirse en una fuente sostenible para los mercados. 

La historia del desarrollo palmero en Colombia es muy distinta a la de otras latitudes, pues como muchos de ustedes saben, este es un país con importantes recursos, tierra, agua y capital humano rural, para llevar a cabo una agricultura sostenible. Basándonos en esta condición, hemos empezado la labor de posicionar la palmicultura colombiana como única y diferenciada, tarea que va muy bien encaminada, pues muchos actores, en especial los internacionales, están ávidos de contar con nuevas alternativas de suministro. Sin embargo, proclamar estas condiciones no solo no es suficiente sino que nos impone el desafío de demostrar el cumplimiento de unos criterios de sostenibilidad que tengan sentido para el palmicultor colombiano al igual que para los compradores y consumidores, quienes asimismo esperamos asuman el compromiso de reconocer y privilegiar un producto diferenciado. Por lo anterior, es fundamental trabajar todos por el cierre de brechas de sostenibilidad, en especial de los pequeños y medianos productores, para que el sector pueda consolidar cadenas de suministro sostenibles. El sector palmero se ha puesto la meta de contar con el 50% de su producción de aceite de palma crudo verificada y/o certificada como sostenible a 2021 y de alcanzar el 75% a 2023; frente a esto es clave unir esfuerzos tanto para consolidar una oferta de aceite de palma sostenible como para dinamizar los mercados y que este esfuerzo se vea reflejado en unas mejores condiciones de comercialización y la generación de valor, que pueda ser compartido con las comunidades palmeras. 

Durante casi tres décadas, Cenipalma ha venido desempeñando un rol clave en la generación de conocimientos y tecnologías que aportan a la productividad y sostenibilidad. Son muchos los resultados a mostrar, en especial aquellos que arrojan un retorno significativo de la inversión sectorial en investigación y extensión, como es el caso de las prácticas para enfrentar la Pudrición del cogollo, cuyo retorno en términos de los beneficios para el sector triplica el costo asumido por el mismo. Otro claro ejemplo fue el desarrollo del regulador de crecimiento para los materiales híbridos denominado ácido naftalenacético (ANA) que permite incrementar la producción de aceite en más del 30%, pudiendo llegar a 10 toneladas de aceite por hectárea al año. Para ilustrar el impacto de esta tecnología, reemplazando la palma africana actualmente sembrada por híbridos y con la adopción de ANA, podría suplirse la demanda mundial de aceites y grasas hasta el año 2025 sin sembrar una sola hectárea adicional. 

Estos retornos positivos de la inversión que el sector ha realizado en Cenipalma ratifican la importancia de apostarle al fortalecimiento de la institucionalidad y a la generación de bienes públicos sectoriales que atiendan las prioridades de los palmicultores. Como ya se ha mencionado, estamos pasando por una etapa de crisis de la agroindustria de la palma de aceite a nivel global y que en particular ha golpeado fuertemente a Latinoamérica, pero donde, en medio de este panorama, la palmicultura colombiana ha podido tener un mayor manejo y resiliencia que sus vecinos, precisamente en virtud de la base institucional que la  soporta. 

Por esto, a quienes frente a las situaciones adversas suelen pensar como primera opción que el sector renuncie o restrinja sus esfuerzos por conservar esta institucionalidad y por seguir trabajando de manera colectiva en generar soluciones, los invito a pensar más allá del hoy y de la individualidad. En esta Reunión Técnica indudablemente veremos valiosos resultados del trabajo propio de muchas empresas y plantaciones, pero tengo la certeza de que esos resultados no habrían sido los mismos si detrás no estuviese la orientación y visión de largo plazo que hemos construido como Federación. 

A nuestros palmicultores, los exhorto a seguirle apostándole a Cenipalma; y a Cenipalma, a esforzarse cada vez más por responder al compromiso y al apoyo que recibe del sector. Su capacidad de innovar debe desplegarse para estar cada vez más cerca de los productores y para multiplicar las sinergias con los núcleos palmeros con una visión integral de la sostenibilidad del negocio. 

Antes de finalizar, no quisiera dejar pasar esta oportunidad para compartirles algunas reflexiones respecto a las medidas recientes en relación con la mezcla del biodiésel de palma, a raíz de la expedición de la Resolución 4-0730 de los Ministerios de Agricultura y Desarrollo Rural, de Minas y Energía, y de Ambiente y Desarrollo Sostenible,  el pasado 20 de septiembre. Resulta desafortunado que después de que la gestión realizada por el sector lograra impulsar la decisión del Gobierno de aumentar la mezcla al 12%, el incumplimiento de algunas plantas de biodiésel haya llevado a la suspensión de esta medida y a una reducción en la mezcla, partiendo de un 2% en lo que resta del  mes de septiembre, a un 6% y 8% en octubre y noviembre respectivamente, hasta llegar nuevamente al 10% en diciembre de 2019. Esta situación tiene un impacto muy fuerte en diversos frentes de la economía palmera, de los cuales señalaría la pérdida de oportunidades de venta en el mercado local, que estimamos sea del orden de las 53.000 toneladas de menores ventas en el mercado doméstico, con una afectación del ingreso de los palmeros del orden de los 11,5 millones de dólares ; el congelamiento del trámite para establecer la universalización de las cesiones del FEP Palmero; y la pérdida de confianza y de credibilidad del FEP Palmero, mecanismo fundamental para estabilizar la comercialización sectorial. 
  
Si bien este es un duro golpe para la palmicultura, también nos invita a identificar aprendizajes que a futuro eviten que este tipo de situaciones vuelvan a ocurrir. Empiezo por señalar que hay una corresponsabilidad de los distintos eslabones de la cadena y es necesario que los productores de biodiésel den una explicación al sector palmero sobre lo sucedido. Algunos de ellos han venido argumentando que esto obedece a un problema de abastecimiento del aceite de palma para biodiésel, pero esto ha sido refutado por Fedepalma con cifras que muestran cómo con la producción general del sector se asegura una relación de abastecimiento de 3 a 1, en tanto que si nos acotamos a la producción de las empresas palmeras vinculadas con la producción de biodiésel esta relación es de 2 a 1. Es decir, el problema no está en el desabastecimiento sino en la misma comercialización de los aceites.

Es importante mencionar que el mercado viene sufriendo algunas distorsiones por los comportamientos de ciertos productores que se “embelesaron” con las importaciones y por un buen tiempo se olvidaron de sus proveedores locales. Esto coincidió con la crisis de la agroindustria de la palma en Ecuador y los bajos precios de su aceite, lo cual estimuló las importaciones de aceite de palma de este origen y llevó a que el mercado colombiano tuviera que ajustarse aumentando sus exportaciones, donde algunos palmeros terminaron asumiendo compromisos en el mercado externo sin medir el impacto que esto tendría en el mercado local. Contrario a lo que se ha argumentado, esto no es un problema asociado a la operación misma del FEP Palmero sino a un uso inadecuado de los mecanismos con los que cuenta el sector y a la falta de una lectura apropiada de las señales del mercado por parte de los productores. 

Hoy en día la menor oferta exportable de Ecuador, originada primordialmente por la afectación de la PC, la unificación del precio de venta en el mercado local colombiano, así como la mayor competitividad del precio del aceite de palma frente a sus sustitutos, propició que rápidamente pasáramos de un escenario de compradores a uno de vendedores, debido a una mayor demanda local por el aceite de palma de producción nacional. 

A esto se suman algunas prácticas desacertadas en la comercialización del aceite, donde los productores han tomado sus decisiones de venta a partir de indicadores que no son comparables, como ha ocurrido cuando un mismo actor para efectos de comercializar en el mercado de exportación tiene en cuenta el precio vigente en el momento de venta, pero a la vez quiera usar como referente para el mercado local el precio del mes anterior. Esto conlleva a que cuando los precios internacionales aumentan se quiera vender para exportación a costa del mercado interno, y viceversa.

Por supuesto, no podemos dejar de lado las fallas atribuibles al Gobierno en su papel de regulador de la política de biocombustibles. La medida del incremento de la mezcla del biodiésel fue anunciada durante meses pero fue objeto de retrasos injustificados, lo que generó incertidumbre en los actores del mercado, a lo cual se sumó el hecho de que el incremento al B12 se aplicó sin gradualidad alguna que les permitiera ajustarse, en un momento que coincide con la tradicional baja estacional de la producción del segundo semestre del año. Igualmente incidió la resolución expedida por el Ministerio de Minas y Energía en marzo de 2019, en la cual se establece una franja para el precio del biodiésel, que no refleja las condiciones del mercado y que olvida una realidad de los precios de los commodities, su alta volatilidad.  Esto pese a los señalamientos realizados por Fedepalma en su momento, advirtiendo sobre la inconveniencia de la medida por cuanto establece un precio que no remunera adecuadamente este mercado, lo que se constituye en un menor estímulo al abastecimiento, como efectivamente sucedió. Este es un asunto que definitivamente deben abordar los productores de biodiésel junto con el Gobierno, pues amerita una solución. Adicionalmente, se venían aplicando unos descuentos en el mercado del biodiésel que no corresponden a las reglas de juego establecidas en la reglamentación.

Por otra parte, esta situación ha puesto en evidencia que el sector privado tiene información fragmentada y que no cuenta con un sistema de información ni los protocolos suficientes para guiar oportunamente las medidas de la política de biocombustibles. Esto en buena medida ha sido justificado por quienes argumentan una posible violación a las normas de competencia, pero para el caso de un mercado regulado como el de los biocombustibles estas consideraciones deben ser distintas y el mismo Gobierno debería asegurar una fluidez en la información.

Desde el sector palmero tenemos la tranquilidad de que existe ya el área sembrada para abastecer una mezcla de B20, y si en esta coyuntura no se ha logrado un suministro inmediato para el B12 esto obedece a otras razones como las que previamente he expuesto. El país necesita que se dé importancia a la calidad del ambiente y a la salud de los ciudadanos con combustibles de calidad, y esto demanda estabilidad en la política de biodiésel. Por parte del sector palmero y del sector del biodiésel se deben ajustar las prácticas comerciales, empezando por suscribir contratos de largo plazo para la compra y venta del aceite; esto de hecho no solo debería ocurrir con el segmento del biodiésel sino también de alimentos y otros usos industriales. Al mercado de exportación debería dirigirse solo el aceite que no tenga una demanda local clara.

Quisiera concluir recordándoles que en el ámbito empresarial es fundamental levantarse cuando hay tropiezos y aprender las lecciones que correspondan, incluyendo que cada cual asuma su responsabilidad frente a las circunstancias. En lo que corresponde a Fedepalma, seguiremos haciendo una evaluación completa del programa de biodiésel, de las medidas que se han adoptado y las que se requieren a futuro, de manera que podamos tener mayor certeza de que seguirá funcionando y evolucionando adecuadamente.

Espero que encuentren esta XV Reunión Técnica Nacional de su mayor interés y provecho, y que al final de estos tres días hayamos fortalecido nuestra visión compartida del futuro de la palmicultura colombiana y del rol que cada uno de nosotros debe desempeñar para hacerla una realidad.

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2019